30.12.12

Vomitando flores sobre tu piel


Me da cierta impotencia el hecho de que cada vez que entro a mi blog no entienda cómo publicar una nueva entrada porque hace mucho que no lo uso. Me da bronca no escribir, siendo algo que me gusta, siendo algo con lo que puedo hacer catarsis casi sin importarme nadie. Lo que me reconforta un poco, es saber que quizás, no escribí mucho porque no necesité descargar ningún tipo de mierda interna o pensamiento que siento errado. Fue un año increíble. Y no me voy a poner cursi siendo que así son todos, nombrando uno por uno. No conocí a nadie nuevo que cambie algo en mi vida, no estuve de novia ni cerca, no planté un árbol ni escribí un libro. Sin embargo aprendí, conocí.
Estoy conociendo ésta faceta de la vida que nadie quiere mostrarte. Que los adultos se olvidaron, los hermanos ocultan y para los padres y profesores es prácticamente un tabú. Enfermedades, adicciones, sexo. Me gustaría detallar un poco a qué me refiero, y casi que quiero transportarlos a su adolescencia:
A principios del 2012 cumplí 15 años. Sí, no le erré al número. 15 años, algo así como un portal. Un gasto irremediable para tus papás. No me refiero sólo a la lujosa fiesta, el costoso auto o el inolvidable viaje. Hablo también del gasto físico, psíquico y mental que algunas quinceañeras representamos para nuestros amados (o no tanto) padres. De hecho, unas cuantas veces lo que más queremos es verlos descansados, que nos dejen libres cual pájaritos y haciendo lo que queremos. Llega un momento en que ningún padre puede soportar todo lo que un chico hace a ésta edad, completamente entendible. Hay que confesar que los adolescentes somos enemigos naturales de los padres, y no se enojen por lo que voy a decir, pero me encanta serlo. Ahora voy a referirme a mí, que con 15 años decidí irme 18 días a un destino que queda a 9 horas de distancia en avión, a otra parte del continente. Decidí no ser la princesita de vestido blanco que quiso mi papá desde aquel junio, en el que según mis cálculos  me concibieron. Enojo, bronca, hasta una pizca de envidia diría yo. Las palabras de papá fueron "Con quince años no podés decidir lo que querés hacer, no podés irte tan lejos tanto tiempo, no podés hacer lo que yo nunca hice". A mí me importa un rábano lo que vos hiciste o no en tu vida, es mi decisión! Al principio no aceptó, es más, casi lo prohibió y así quedó todo, porque las palabras a mi papá y a mí nos salen con sacacorchos, y a veces ni eso. Finalmente accedió pero como condición estaba hacer la fiesta de 15. Al ver los precios ese deseo insensato se calmó y pude ser feliz. Había ganado la batalla.
Éste año arrancó yéndome dónde él, Córdoba. Provincia donde vive hace unos años. Provincia dónde siempre quiso vivir, y dónde aún vive el resentimiento de la dependencia hacía sus padres de mi mamá. Su novia, el hijo, personita caprichosa y un tanto insoportable con quien mi papá comparte mucho más tiempo conmigo. Fue complicado.
Después me fui a Laprida, pequeño pueblo en Buenos Aires, dónde vive mi prima hermana. Una semana algo diferente a lo que yo acostumbraba a vivir. Paz total. Después de eso no todo era tan diferente, pero fue una experiencia hermosa que va a quedar en mi recuerdo. Me arrepiento de no haber llevado una cámara de fotos. (Todo lo que cuento tiene un buen desenlace, no crean que hago un balance del año. O sí, creánlo. Un arma de doble filo)
Más tarde San Bernardo. Ante los ojos de un padre: el antro de perdición. A la tercera noche consecutiva de salir a boliches nocturnos con 14 años, mi papá se comunicó conmigo y no le gustó nada. Qué mal! O que bien, encantada de batallar contigo, padre. El día que lo entiendas ya seré adulta. Noches y noches de alcohol y gente grande. La cosa, el secreto que nunca nadie puede enterarse, es que desde Chiozza y San Bernardo hasta La Lucila, son 30 cuadras. Caminando por la playa, el viento matutino y el agua son lo mejor que conocí hasta ahora para curar eso llamado "escabio."
En el año comencé a ir a bailar de noche, lo único que mis padres tenían en cuenta que conocía es alguna matinée situada por Palermo, Caballito o Villa Devoto, lo más cheto de la Capital Federal del país. Había ido a algún club nocturno pero... no se enteraron. 13, 14 años tenía. Pasé a ir a bailar a Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires. Más exactamente a Pinar de Rocha. Si sos de la zona, sabés lo que habla la gente. Empecé a conocer el olor del porro, la piedra o planta de marihuana, las pastillas, los polvitos, los terminos "fumar, colar, inhalar, inyectar" dejaron de tener el mismo sentido, irremediablemente. El alcohol, casi una perdición para mí. Enseñándoles a mis amigas de que se trataba, ya que a fines del 2011 fue mi primera vez muy borracha y en Febrero había conocido la cara buena del alcohol. (Ahora estoy casi segura que el día del amigo es el 20 de juNio, pero yo recuerdo que ésta fiesta de la que voy a hablar fue un 21 de julio) Mis amigas, éste día conocieron el alcohol. Verlas vomitando o llorando fue terrible. Yo acostumbradísima a tomar en cantidad y al pedo alegre (soy una persona alegre, pero el alcohol me pone mucho más simpática) no sabía que hacer. Desde éste momento el alcohol era un infaltable en las salidas con amigos. Llegó el día de la primavera. Esperado, realmente esperado. Parque centenario, comida, alcohol, por supuesto, amigos, previa, pinar de rocha. Drogas, entre mis amigos. Fue algo bastante fuerte. Por suerte no hubo mucha repercusión. Ya después de ésta época intenté salvar materias.
No sé realmente en que parte de la historia que acabo de contar entran mis amigas enfermas. Cuando volví del viaje, para el día del niño mi tía me preguntó que quería. Contesté que quería el libro Abzurdah de Cielo Latini porque no quería nada en especial y en el aeropuerto de vuelta una de las chicas lo estaba hojeando. Lo leí y me asustó bastante, aunque me pareció horrible la manera de escribir de Cielo Latini, desastrosa diría. Tratar a nenas como "bandita de fracasadas" me pareció inhumano. Pronto me enteré que una de mis mejores amigas había sido diagnosticada como anoréxica y erróneamente le conté que estaba leyendo el libro. Comenzaron a a aparecer más y más amigas y conocidas enfermas de Bulimia y Anorexia, y por supuesto, más enfermas que ellas, las temidas Wannabes. Yo ya estaba medio interiorizada en el tema, pero Latini terminó de aclarar las cosas. Wannabe en inglés es "querer ser", y es así tal cual, las wannabes son chicas que no padecen anorexia ni bulimia pero quieren hacerlo. Chicas que creen que esas enfermedades no son enfermedades, si no que son un gimnasio. Llegás, bajás de peso y abandonás cuando querés. JAAAAAA, en síntesis, pendejas estúpidas que creen que es el camino fácil. Porque si no, no se explica. Es como levantarte un día y pretender tener HIV, Cáncer o diabetes. No. Chicas que quieren llamar la atención de padres o amigos cortándose, dejando de comer o adelgazando simplemente para caber en nuestra sociedad, porque creen que cuando bajen esos kilitos de más vomitando o sin comer, empiezan a comer normalmente y todos felices. No piensan, adolescentes llenas de hormonas. Averigüen si lo sienten necesario y verán porqué lo digo. Tengo especialmente una amiga wannabe, y te das cuenta porque la muchacha twittea absolutamente todo el tiempo sobre su "enfermedad". Las wannabes en una mitad de los casos llegan a tener la enfermedad. Suerte para la chica, che. Teniendo amigos adictos y amigas enfermas tenés el ojo de todo el mundo encima, y no sabés como hacer para explicar que vos tenés dos dedos de frente. Lo que yo no podía entender es que esos dos dedos de frente, en un momento se van de tu frente para tenerlos en el orto, porque a nadie le importan. Ni siquiera a vos. Perdés la cordura.
Éste texto comencé a escribirlo anoche, y no recuerdo bien a qué quería llegar. Voy a publicarlo así que queda más sincero de lo que esperaba. O no.

1 comentario:

  1. alto viaje te pegaste. :D
    Asi que Pinar, parece que sos del Oeste. :)

    PD: felices fiestas

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